EL GRAN PERIODO CONSTRUCTIVO DEL MOVIMIENTO EDUCACIONAL DE MÉXICO SURGIDO DE LA REVOLUCIÓN
El gran movimiento educativo organizado por Vasconcelos no surgió de la nada, si no que por el contrario, tuvo modestos antecedentes que no deben ser olvidados.
Antes de la revolución nunca se oyó hablar de un problema rural, nadie creía que fuese necesario mejorar la economía de la población rural y dar educación a los indios y mestizos; dos terceras partes de la población habían sido olvidadas. Esta parte de la población equivalente a diez millones de personas aproximadamente, debía trabajar de sol a sol para ganar apenas un sueldo miserable.
El gobierno los había olvidado y solamente se acordaba de que existían cuando era época de recaudar contribuciones personales para el erario público.
Cuando la revolución comenzó a dispersarse por todo el país, se empezaron a oír las voces de quienes exigían la devolución de las propiedades y el derecho a la educación de los indios. Los gobiernos se encontraron de esta forma frente a dos grandes problemas: el agrario y el educativo.
Por el año 1912 empezaron a aparecer las primeras escuelas destinadas al campo, esto en virtud de una ley dictada un año antes. En estas escuelas, solo enseñaban a hablar, leer y escribir el castellano y a realizar las operaciones básicas de la aritmética; para que estas funcionaran, fue necesario votar una ley en 1911.
Dichas escuelas nacidas en virtud de esta ley, fueron llamadas rudimentarias, debido a que solo cumplían con la función de alfabetizar e impartir instrumentos de instrucción, posteriormente algunos maestros comenzaron a denominarlas escuelas de “peor es nada”, porque era claro que era mejor tenerlas de este tipo, que no tenerlas.
La ley antes mencionada, menciona cuatro puntos esenciales: a) que enseñaran, como ya se mencionó, a hablar, leer y escribir el castellano y a ejecutar las operaciones básicas de la aritmética; b) la educación se impartirá en dos cursos a lo sumo; c) la asistencia a las escuelas no era obligatoria, y se impartiría a cuanto analfabeto asistiera, sin distinción de sexo ni edad; y d) para procurar la asistencia, se distribuían alimentos y vestimenta a las personas que lo necesitaran, en la medida de las posibilidades gubernamentales.
Pronto la población mexicana se convenció de que estas escuelas eran inútiles, pues los poblados seguían viviendo en la misma pobreza e incultura en la que se hallaban antes de que se instauraran las escuelas. No era este tipo de escuelas las que los indios y mestizos necesitaban, pues con o sin ellas, seguían viviendo la misma situación de miseria en la que se encontraban antes, fue por su falta de utilidad, que las escuelas empezaron a decaer, hasta que al fin desaparecieron. A pesar de no cumplir con las funciones requeridas por la población, las escuelas proporcionaron a los indios el anhelo de libertad y superación, además de dar nociones a la mente para concebir el tipo más adecuado de escuela rural que debía establecerse.
Durante la revolución, el gobierno del viejo régimen hizo uso de las promesas halagadoras además de las armas, proponiendo la ley de las escuelas rudimentaria, cosa en la que nunca antes había pensado, sin embargo se vio obligado a hacerlo debido a que las filas revolucionarias estaban compuestas principalmente por campesinos, pero a pesar de que prácticamente se vio obligado a poner en practica dicha ley, no pudo hacerlo por su caída precipitada, y fue el régimen revolucionario triunfante al que le tocó poner el decreto en 1912, empezó a abrir escuelas en toda la nación, aunque de antemano sabían que serian poco eficaces. Para concebir mejores escuelas, el subsecretario de educación Ing. Alberto J. Pani, con anuencia del secretario del ramo, y del presidente Madero, sondeó la opinión pública del país acerca del particular, con dichas opiniones se creó un libro que fue publicado en 1918 y que lleva el título de una encuesta sobre educación popular.
Dicha encuesta resultó sumamente interesante por el hecho de haber enriquecido ampliamente el concepto de la escuela que debía ponerse en el futro al servicio de la población del país. Algunas opiniones presentes en el libro ya mencionado fueron:
Un secretario de educación: excluir la enseñanza a los adultos, enriquecer el programa con otras materias, la creación de escuelas de agricultura e industrias regionales, y la creación de escuelas normales que prepararan maestros capacitados para las escuelas del campo.
Un profesor del interior del país: proponía aumentar las materias el periodo de dos años para la educación, además de proponer la impartición de canto regional.
El gobernador de un estado: concordaba con la opinión del subsecretario, pero estaba inconforme con la idea de excluir la educación para los adultos…
Continuará…
El gran movimiento educativo organizado por Vasconcelos no surgió de la nada, si no que por el contrario, tuvo modestos antecedentes que no deben ser olvidados.
Antes de la revolución nunca se oyó hablar de un problema rural, nadie creía que fuese necesario mejorar la economía de la población rural y dar educación a los indios y mestizos; dos terceras partes de la población habían sido olvidadas. Esta parte de la población equivalente a diez millones de personas aproximadamente, debía trabajar de sol a sol para ganar apenas un sueldo miserable.
El gobierno los había olvidado y solamente se acordaba de que existían cuando era época de recaudar contribuciones personales para el erario público.
Cuando la revolución comenzó a dispersarse por todo el país, se empezaron a oír las voces de quienes exigían la devolución de las propiedades y el derecho a la educación de los indios. Los gobiernos se encontraron de esta forma frente a dos grandes problemas: el agrario y el educativo.
Por el año 1912 empezaron a aparecer las primeras escuelas destinadas al campo, esto en virtud de una ley dictada un año antes. En estas escuelas, solo enseñaban a hablar, leer y escribir el castellano y a realizar las operaciones básicas de la aritmética; para que estas funcionaran, fue necesario votar una ley en 1911.
Dichas escuelas nacidas en virtud de esta ley, fueron llamadas rudimentarias, debido a que solo cumplían con la función de alfabetizar e impartir instrumentos de instrucción, posteriormente algunos maestros comenzaron a denominarlas escuelas de “peor es nada”, porque era claro que era mejor tenerlas de este tipo, que no tenerlas.
La ley antes mencionada, menciona cuatro puntos esenciales: a) que enseñaran, como ya se mencionó, a hablar, leer y escribir el castellano y a ejecutar las operaciones básicas de la aritmética; b) la educación se impartirá en dos cursos a lo sumo; c) la asistencia a las escuelas no era obligatoria, y se impartiría a cuanto analfabeto asistiera, sin distinción de sexo ni edad; y d) para procurar la asistencia, se distribuían alimentos y vestimenta a las personas que lo necesitaran, en la medida de las posibilidades gubernamentales.
Pronto la población mexicana se convenció de que estas escuelas eran inútiles, pues los poblados seguían viviendo en la misma pobreza e incultura en la que se hallaban antes de que se instauraran las escuelas. No era este tipo de escuelas las que los indios y mestizos necesitaban, pues con o sin ellas, seguían viviendo la misma situación de miseria en la que se encontraban antes, fue por su falta de utilidad, que las escuelas empezaron a decaer, hasta que al fin desaparecieron. A pesar de no cumplir con las funciones requeridas por la población, las escuelas proporcionaron a los indios el anhelo de libertad y superación, además de dar nociones a la mente para concebir el tipo más adecuado de escuela rural que debía establecerse.
Durante la revolución, el gobierno del viejo régimen hizo uso de las promesas halagadoras además de las armas, proponiendo la ley de las escuelas rudimentaria, cosa en la que nunca antes había pensado, sin embargo se vio obligado a hacerlo debido a que las filas revolucionarias estaban compuestas principalmente por campesinos, pero a pesar de que prácticamente se vio obligado a poner en practica dicha ley, no pudo hacerlo por su caída precipitada, y fue el régimen revolucionario triunfante al que le tocó poner el decreto en 1912, empezó a abrir escuelas en toda la nación, aunque de antemano sabían que serian poco eficaces. Para concebir mejores escuelas, el subsecretario de educación Ing. Alberto J. Pani, con anuencia del secretario del ramo, y del presidente Madero, sondeó la opinión pública del país acerca del particular, con dichas opiniones se creó un libro que fue publicado en 1918 y que lleva el título de una encuesta sobre educación popular.
Dicha encuesta resultó sumamente interesante por el hecho de haber enriquecido ampliamente el concepto de la escuela que debía ponerse en el futro al servicio de la población del país. Algunas opiniones presentes en el libro ya mencionado fueron:
Un secretario de educación: excluir la enseñanza a los adultos, enriquecer el programa con otras materias, la creación de escuelas de agricultura e industrias regionales, y la creación de escuelas normales que prepararan maestros capacitados para las escuelas del campo.
Un profesor del interior del país: proponía aumentar las materias el periodo de dos años para la educación, además de proponer la impartición de canto regional.
El gobernador de un estado: concordaba con la opinión del subsecretario, pero estaba inconforme con la idea de excluir la educación para los adultos…
Continuará…