domingo, 6 de septiembre de 2009

EL GRAN PERIODO CONSTRUCTIVO DEL MOVIMIENTO EDUCACIONAL DE MÉXICO SURGIDO DE LA REVOLUCIÓN

El gran movimiento educativo organizado por Vasconcelos no surgió de la nada, si no que por el contrario, tuvo modestos antecedentes que no deben ser olvidados.
Antes de la revolución nunca se oyó hablar de un problema rural, nadie creía que fuese necesario mejorar la economía de la población rural y dar educación a los indios y mestizos; dos terceras partes de la población habían sido olvidadas. Esta parte de la población equivalente a diez millones de personas aproximadamente, debía trabajar de sol a sol para ganar apenas un sueldo miserable.
El gobierno los había olvidado y solamente se acordaba de que existían cuando era época de recaudar contribuciones personales para el erario público.
Cuando la revolución comenzó a dispersarse por todo el país, se empezaron a oír las voces de quienes exigían la devolución de las propiedades y el derecho a la educación de los indios. Los gobiernos se encontraron de esta forma frente a dos grandes problemas: el agrario y el educativo.
Por el año 1912 empezaron a aparecer las primeras escuelas destinadas al campo, esto en virtud de una ley dictada un año antes. En estas escuelas, solo enseñaban a hablar, leer y escribir el castellano y a realizar las operaciones básicas de la aritmética; para que estas funcionaran, fue necesario votar una ley en 1911.
Dichas escuelas nacidas en virtud de esta ley, fueron llamadas rudimentarias, debido a que solo cumplían con la función de alfabetizar e impartir instrumentos de instrucción, posteriormente algunos maestros comenzaron a denominarlas escuelas de “peor es nada”, porque era claro que era mejor tenerlas de este tipo, que no tenerlas.
La ley antes mencionada, menciona cuatro puntos esenciales: a) que enseñaran, como ya se mencionó, a hablar, leer y escribir el castellano y a ejecutar las operaciones básicas de la aritmética; b) la educación se impartirá en dos cursos a lo sumo; c) la asistencia a las escuelas no era obligatoria, y se impartiría a cuanto analfabeto asistiera, sin distinción de sexo ni edad; y d) para procurar la asistencia, se distribuían alimentos y vestimenta a las personas que lo necesitaran, en la medida de las posibilidades gubernamentales.
Pronto la población mexicana se convenció de que estas escuelas eran inútiles, pues los poblados seguían viviendo en la misma pobreza e incultura en la que se hallaban antes de que se instauraran las escuelas. No era este tipo de escuelas las que los indios y mestizos necesitaban, pues con o sin ellas, seguían viviendo la misma situación de miseria en la que se encontraban antes, fue por su falta de utilidad, que las escuelas empezaron a decaer, hasta que al fin desaparecieron. A pesar de no cumplir con las funciones requeridas por la población, las escuelas proporcionaron a los indios el anhelo de libertad y superación, además de dar nociones a la mente para concebir el tipo más adecuado de escuela rural que debía establecerse.
Durante la revolución, el gobierno del viejo régimen hizo uso de las promesas halagadoras además de las armas, proponiendo la ley de las escuelas rudimentaria, cosa en la que nunca antes había pensado, sin embargo se vio obligado a hacerlo debido a que las filas revolucionarias estaban compuestas principalmente por campesinos, pero a pesar de que prácticamente se vio obligado a poner en practica dicha ley, no pudo hacerlo por su caída precipitada, y fue el régimen revolucionario triunfante al que le tocó poner el decreto en 1912, empezó a abrir escuelas en toda la nación, aunque de antemano sabían que serian poco eficaces. Para concebir mejores escuelas, el subsecretario de educación Ing. Alberto J. Pani, con anuencia del secretario del ramo, y del presidente Madero, sondeó la opinión pública del país acerca del particular, con dichas opiniones se creó un libro que fue publicado en 1918 y que lleva el título de una encuesta sobre educación popular.
Dicha encuesta resultó sumamente interesante por el hecho de haber enriquecido ampliamente el concepto de la escuela que debía ponerse en el futro al servicio de la población del país. Algunas opiniones presentes en el libro ya mencionado fueron:
Un secretario de educación: excluir la enseñanza a los adultos, enriquecer el programa con otras materias, la creación de escuelas de agricultura e industrias regionales, y la creación de escuelas normales que prepararan maestros capacitados para las escuelas del campo.
Un profesor del interior del país: proponía aumentar las materias el periodo de dos años para la educación, además de proponer la impartición de canto regional.
El gobernador de un estado: concordaba con la opinión del subsecretario, pero estaba inconforme con la idea de excluir la educación para los adultos…
Continuará…

lunes, 31 de agosto de 2009

LOS MAESTROS EN LA REVOLUCIÓN (1910-1919)

La revolución provocó la interrupción de la centralización de la enseñanza primaria y los esfuerzos que pretendían igualar el magisterio mediante la unificación de los planes de estudio en la enseñanza normal.
Los gobiernos de los estados adoptaron muchas políticas, en algunos de ellos no ocurrió nada, en otros, las escuelas primarias y normales fueron presionadas, lo cual provocó muchas veces que tuvieran como consecuencia su clausura durante varios meses o años.
La participación de los maestros durante el movimiento armado fue muy diversa, la mayoría de ellos no intervino en la política, sino que continuó sus funciones, sin importar el gobierno para el cual trabajara, sin embargo, algunos fueron victimas de la política y sufrieron desde el retraso de sus sueldos, hasta el cese por colaborar con el enemigo; otros pocos participaron al lado de las facciones o grupos revolucionarios; algunos de ellos llegaron a ser jefes políticos.
Durante la revolución, la política para formar maestros fue la continuación del régimen Porfiriano, aun que con cambios importantes como la interrupción de la federalización de la enseñanza primaria igualándola en todo el país mediante la uniformación; dicho proyecto, circunscribía la enseñanza normal como una estrategia para crear un sistema nacional de educación primaria, sin embargo desde entonces las escuelas normales se opusieron a los proyectos federales para centralizar los sistemas escolares.
Con el fin de orientar la enseñanza normal hacia el campo, algunas escuelas normales introdujeron cursos técnicos; algunas escuelas normales intentaron cambiar la organización escolar, prendían incluir la educación mixta, sin embargo, los logros fueron muy reducidos incluso en las del Distrito Federal.
Durante los primeros años de la revolución, en el gobierno de Madero hubo un fuerte altercado entre las normales de México y Veracruz por los puestos directivos; durante esta época el comportamiento de estudiantes y maestros fue muy heterogéneo e incongruente.
Es innegable que los maestros tuvieron cierto grado de participación en la revolución, principalmente porque sabemos que la mayoría de las personas que participaron en esta contaban con la educaron básica, sin embargo no se sabe con exactitud en que momento fue su participación, tampoco se sabe cual fue el motivo por el que se sumaron a dicho movimiento, aunque se desconocen estos datos, es seguro que la profesión magisterial era muy valorada en esa época.
Debido a que los maestros no fueron muy críticos ante el poder constituido, a diferencia de los universitarios, estos tuvieron menor desprecio por los “ignorantes” dirigentes.
El papel del magisterio ha sido muy exaltado durante y después de la revolución, sobretodo por los candidatos a algún puesto político.
Francisco Xavier Guerra destacó mucho el papel de los maestros, según el, el número de los docentes que participaron en la revolución fue mucho menos que la de los médicos y abogados, este personaje también menciona que los maestros del norte se incorporaron a la revolución mucho antes que los del centro y del sur, estos últimos, lo hicieron después del triunfo del ya mencionado movimiento.
Los cambios efectuados en la instrucción publica, afectaron al magisterio, estos fueron: la renuncia de Justo Sierra por un reajuste en el gabinete, el remplazo de Díaz por León de la barra y el arribo de Francisco I. Madero como presidente.
Con el afán de remplazar a los médicos, abogados e ingenieros en los cargos públicos, los maestros propusieron que la normal se incorporara a la nueva universidad y ocupara un mismo rango, Justo Sierra rechazó dicha propuesta.

LOS NÚMEROS FAVORECEN A LAS MINORÍAS

Durante la época del Porfiriato surgieron muchas escuelas rurales, esto debido a que los hacendados eran obligados a educar a sus trabajadores, los cuales en su mayoría eran indios; debido al gran número de haciendas existentes, la cantidad de escuelas fue muy grande. Se proporcionaba educación a los trabajadores con el fin de mejorar su rendimiento laboral.
Con el propósito de que la educación no fuera solo para los hijos de los terratenientes, se estableció que en cada colectivo de 500 habitantes se estableciera una escuela de niñas y una de niños, si esto no fuese posible, una mixta por cada 5000 habitantes; en el caso de poblaciones de menos de 200 habitantes y ubicadas a mas de 3 kilómetros de algún centro educativo, se establecía la enseñanza elemental por medio de maestros ambulantes.
Debido a que muchos de los hacendados no querían que sus empleados obtuvieran mayor conocimiento, por el temor de que se dieran cuenta de la realidad, se procuraba que solamente adquirieran los conocimientos básicos, como leer, escribir y hacer cuentas.
A partir de la primera década del presente siglo aumentó el interés de algunas personas por educar al indio, como un medio para integrarlo a la sociedad; entre estas, se encontraba el periodista católico Trinidad Sánchez Santos, quien argumentaba que el indio no estaba en condiciones de recibir educación, si no podía pensar en estudiar cuando pasaba muchas horas trabajando y no se alimentaba bien.
Respecto al desarrollo de la educación, el mayor porcentaje de escuelas se concentraban en los estados de Puebla, México y Jalisco, el distrito federal acaparó el 38% de la población alfabetizada, debido a que fue el centro político, económico, social y cultural del país. Los estados del norte como Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y desde luego el territorio de Baja California lograron los índices de alfabetización más altos, no necesariamente porque tuvieran los presupuestos más altos, sino porque la política de los gobernadores estaba centrada en la educación; por el contrario, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, fueron los estados con menor índice.
Durante el Porfiriato el número de escuelas privadas y del clero era mucho menor a la de las oficiales y, las privadas superaban por mucho a las del clero. En promedio había 50 centros educativos privados por estado; en cambio los del clero fue de 10. En 1908, el 20% de las escuelas del país eran particulares.
Frente a la enorme escasez de escuelas y a la pobreza de recursos, el estado Porfirista motivó a los particulares, ofreciéndoles útiles o textos escolares, para que abrieran planteles educativos siempre y cuando se sujetara a las normas y programas establecidos por el gobiernos, los particulares, a su vez, ayudaron al gobierno cediendo casas para escuelas sin cobrar renta.