lunes, 31 de agosto de 2009

LOS MAESTROS EN LA REVOLUCIÓN (1910-1919)

La revolución provocó la interrupción de la centralización de la enseñanza primaria y los esfuerzos que pretendían igualar el magisterio mediante la unificación de los planes de estudio en la enseñanza normal.
Los gobiernos de los estados adoptaron muchas políticas, en algunos de ellos no ocurrió nada, en otros, las escuelas primarias y normales fueron presionadas, lo cual provocó muchas veces que tuvieran como consecuencia su clausura durante varios meses o años.
La participación de los maestros durante el movimiento armado fue muy diversa, la mayoría de ellos no intervino en la política, sino que continuó sus funciones, sin importar el gobierno para el cual trabajara, sin embargo, algunos fueron victimas de la política y sufrieron desde el retraso de sus sueldos, hasta el cese por colaborar con el enemigo; otros pocos participaron al lado de las facciones o grupos revolucionarios; algunos de ellos llegaron a ser jefes políticos.
Durante la revolución, la política para formar maestros fue la continuación del régimen Porfiriano, aun que con cambios importantes como la interrupción de la federalización de la enseñanza primaria igualándola en todo el país mediante la uniformación; dicho proyecto, circunscribía la enseñanza normal como una estrategia para crear un sistema nacional de educación primaria, sin embargo desde entonces las escuelas normales se opusieron a los proyectos federales para centralizar los sistemas escolares.
Con el fin de orientar la enseñanza normal hacia el campo, algunas escuelas normales introdujeron cursos técnicos; algunas escuelas normales intentaron cambiar la organización escolar, prendían incluir la educación mixta, sin embargo, los logros fueron muy reducidos incluso en las del Distrito Federal.
Durante los primeros años de la revolución, en el gobierno de Madero hubo un fuerte altercado entre las normales de México y Veracruz por los puestos directivos; durante esta época el comportamiento de estudiantes y maestros fue muy heterogéneo e incongruente.
Es innegable que los maestros tuvieron cierto grado de participación en la revolución, principalmente porque sabemos que la mayoría de las personas que participaron en esta contaban con la educaron básica, sin embargo no se sabe con exactitud en que momento fue su participación, tampoco se sabe cual fue el motivo por el que se sumaron a dicho movimiento, aunque se desconocen estos datos, es seguro que la profesión magisterial era muy valorada en esa época.
Debido a que los maestros no fueron muy críticos ante el poder constituido, a diferencia de los universitarios, estos tuvieron menor desprecio por los “ignorantes” dirigentes.
El papel del magisterio ha sido muy exaltado durante y después de la revolución, sobretodo por los candidatos a algún puesto político.
Francisco Xavier Guerra destacó mucho el papel de los maestros, según el, el número de los docentes que participaron en la revolución fue mucho menos que la de los médicos y abogados, este personaje también menciona que los maestros del norte se incorporaron a la revolución mucho antes que los del centro y del sur, estos últimos, lo hicieron después del triunfo del ya mencionado movimiento.
Los cambios efectuados en la instrucción publica, afectaron al magisterio, estos fueron: la renuncia de Justo Sierra por un reajuste en el gabinete, el remplazo de Díaz por León de la barra y el arribo de Francisco I. Madero como presidente.
Con el afán de remplazar a los médicos, abogados e ingenieros en los cargos públicos, los maestros propusieron que la normal se incorporara a la nueva universidad y ocupara un mismo rango, Justo Sierra rechazó dicha propuesta.

LOS NÚMEROS FAVORECEN A LAS MINORÍAS

Durante la época del Porfiriato surgieron muchas escuelas rurales, esto debido a que los hacendados eran obligados a educar a sus trabajadores, los cuales en su mayoría eran indios; debido al gran número de haciendas existentes, la cantidad de escuelas fue muy grande. Se proporcionaba educación a los trabajadores con el fin de mejorar su rendimiento laboral.
Con el propósito de que la educación no fuera solo para los hijos de los terratenientes, se estableció que en cada colectivo de 500 habitantes se estableciera una escuela de niñas y una de niños, si esto no fuese posible, una mixta por cada 5000 habitantes; en el caso de poblaciones de menos de 200 habitantes y ubicadas a mas de 3 kilómetros de algún centro educativo, se establecía la enseñanza elemental por medio de maestros ambulantes.
Debido a que muchos de los hacendados no querían que sus empleados obtuvieran mayor conocimiento, por el temor de que se dieran cuenta de la realidad, se procuraba que solamente adquirieran los conocimientos básicos, como leer, escribir y hacer cuentas.
A partir de la primera década del presente siglo aumentó el interés de algunas personas por educar al indio, como un medio para integrarlo a la sociedad; entre estas, se encontraba el periodista católico Trinidad Sánchez Santos, quien argumentaba que el indio no estaba en condiciones de recibir educación, si no podía pensar en estudiar cuando pasaba muchas horas trabajando y no se alimentaba bien.
Respecto al desarrollo de la educación, el mayor porcentaje de escuelas se concentraban en los estados de Puebla, México y Jalisco, el distrito federal acaparó el 38% de la población alfabetizada, debido a que fue el centro político, económico, social y cultural del país. Los estados del norte como Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y desde luego el territorio de Baja California lograron los índices de alfabetización más altos, no necesariamente porque tuvieran los presupuestos más altos, sino porque la política de los gobernadores estaba centrada en la educación; por el contrario, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, fueron los estados con menor índice.
Durante el Porfiriato el número de escuelas privadas y del clero era mucho menor a la de las oficiales y, las privadas superaban por mucho a las del clero. En promedio había 50 centros educativos privados por estado; en cambio los del clero fue de 10. En 1908, el 20% de las escuelas del país eran particulares.
Frente a la enorme escasez de escuelas y a la pobreza de recursos, el estado Porfirista motivó a los particulares, ofreciéndoles útiles o textos escolares, para que abrieran planteles educativos siempre y cuando se sujetara a las normas y programas establecidos por el gobiernos, los particulares, a su vez, ayudaron al gobierno cediendo casas para escuelas sin cobrar renta.